Una ruta creada conjuntamente con los estudiantes de Tecnología en Gastronomía del Centro de la Innovación, la Agroindustria y el Turismo del Servicio Nacional de Aprendizaje SENA.

lunes, 5 de octubre de 2009

Juegos de Seducción

De pronto entra por mi ventana un aroma casi visible, que se va apoderando de toda la sala, es un olor dulce, suave, que cuando tratas de olerlo parece esfumarse, pero ahí continúa, como el humo frágil de una pequeña casa en las montañas que se mezcla con la neblina. Recuerdo la espuma de una taza de chocolate dulce, cremoso casi y un bigote que se extendía por el labio superior que limpiabas orgulloso con la lengua o la manga de la camisa. Recuerdo el chocolate fundido en baño maría, brillante y muy espeso, con su seductor color marrón oscuro y el delicioso olor que hacía mojarse de contenta cualquier boca cercana, y a las narices aproximarse sigilosamente para seguir de cerca un dedo coqueto directo hacia la olla. Recuerdo la forma en que el chocolate recién fundido caía en los moldes, para convertirse luego de un proceso de enfriado rápido, en frutas, corazones, bombones, flores, caras y mil formas más, que nos apresurábamos a devorar y sentir como se derretían en la boca.

Algunos días de cualquier fin de semana, comprar chocolates y sentarse en la entrada de la casa a saborearlos y ver pasar la tarde era el plan… el cielo azul salpicado de figuritas negras movedizas, la luz amarilla abrazando los techos y paredes de las casas vecinas, el viento meciendo los arboles delicadamente.

No faltaba el helado de chocolate cuando una tarde las cosas parecían no tener solución, ir corriendo en busca de esa cremosa medicina que curaba heridas, dolores del cuerpo y el alma, deseos frustrados, penas de amor, entre otros males cotidianos.

De pronto la tentación estaba en las tortas y postres de chocolate… biscochos suaves y esponjosos, cubiertas cremosas de ese hermoso color marrón oscuro y brillante, una fiesta de sabores en la boca y una sensación de seguro placer en todo el cuerpo cuando el primer bocado se acercaba despacito a los labios, seguido de cerca por los ojos atentos que no lo perdían de vista, y la nariz ansiosa trataba de robar cuanto más pudiera de ese delicado aroma. Una vez abiertos los labios, no había vuelta atrás y el pequeño romance iniciado por los ojos y nariz era ahora una realidad en toda la boca, salivando encantada al sentir como se disolvía poco a poco esa combinación de texturas y sabores.

Entra en escena el chocolate amargo, no recuerdo cuando, y empieza a abrirse un mundo de posibilidades cuando llegan a mis manos las recetas de un libro dedicado al chocolate. Tortas, bombones, postres y salsas abarcan la breve cocina y se abren paso por toda la casa olores envolventes atrayendo cuerpos que aparecen como por arte de magia y acompañan la preparación. Los más resueltos se entusiasman a participar, mientras que los más recatados se quedan sentados tras la barra conversando olores, sabores y texturas esperando anhelantes pero pacientes.

Entre las recetas más sensuales, está el volcán de chocolate. Tiene un esponjoso y delicado caparazón que al abrirse derrama desde su interior todo el color, olor y brillo del chocolate fundido. Es un placer para todos los sentidos en el que no se gasta mucho tiempo ni esfuerzo, y se disfruta desde que el chocolate empieza a fundir. Se necesita precalentar el horno a 220°, 100gr de chocolate semi-amargo, 100gr de mantequilla, 110gr de azúcar, 110gr de harina y 3 huevos.

Se corta descuidadamente el chocolate y se reserva un poco para el final, se pone en una olla al baño maría dejándolo fundir lentamente. Mientras tanto se baten con energía las claras de huevo hasta que parecen copos de nieve que firmemente se abrazan al batidor. Se agrega lentamente el azúcar simulando una delicada lluvia, uniendo con movimientos suaves y envolventes para no perder la textura alcanzada.

Una vez fundido el chocolate se agrega la mantequilla en trozos y las yemas de huevo ligeramente batidas, mezclando hasta obtener una salsa cremosa y provocativa a la que se agrega la mitad de los copos de nieve moviendo despacito mientras se agrega poco a poco la harina hasta terminar de integrarlo todo.

Se untan con un poco de mantequilla los moldes deseados, preferiblemente moldes pequeños individuales como los usados para muffins o magdalenas, y se cubren ligeramente de harina. Luego se vierte un poco de la mezcla de chocolate en los moldes y se ponen en el centro los trozos de chocolate antes reservados para terminar de cubrir con la mezcla dejando un espacio, pues crecen un poco y sería casi un disparate vaciar la mezcla en el horno. Finalmente se ponen los moldes en el horno durante 10 minutos, cuidando que el fuego provenga de abajo.

Este tentador postre se sirve caliente, desmoldándolo delicadamente sobre un plato y salpicándolo con azúcar en polvo, tal vez con una bolita de helado de vainilla o crema chantilly, y con una taza de café recién hecho. Puede disfrutarse solo o acompañado, aunque si es la segunda puede correrse el riesgo de no querer comerlo en el plato.

Grandes, chicos, dulces, amargos, blancos, negros, de dieta, fríos, calientes, bebidos, masticados, disueltos, fundidos. Han ido apareciendo, quedándose atrapados en rincones de la memoria, las mejillas, los dedos, las manos, los labios, pechos, ombligos, espaldas… emitiendo sonrisas pícaras, infantiles, mal intencionadas, coquetas, sensuales, dulces. Compañero de viajes y vuelos, tertulias, canciones y cigarros, llantos y sonrisas, noches frías y lluviosas, mañanas nubladas, tardes solitarias y noches compartidas. Siempre confortable, siempre bienvenido y gozado, degustado lentamente o a toda prisa, el chocolate entra en mis romances favoritos, un juego de seducción que aliviana el alma y el espíritu, aunque no precisamente el cuerpo; un amorío desvergonzado que me permito todos los días sin culpas, sin dolores.

Por: María Isabel Ossa Londoño

domingo, 9 de agosto de 2009

Felicidad

“Le bonheur est un seul bouquet: confus, léger, fondant, sucré”

¿Con qué elemento de la gastronomía asocio la felicidad?

Nunca había relacionado la felicidad con algo, pero en este momento la relaciono con el PLACER y sus ciclos. Es como la FRESA por su color, su forma, su gusto.

La felicidad es como una TORTA FRÍA, es algo engañoso que al principio nos muestra su crema con colores, frutos, texturas y nos enamora; pero que sabemos que es un poco más insípida y poco agradable al encontrar el biscocho, con suerte encontramos un relleno cremoso lleno de sabor.

Para mi la felicidad es como una NARANJA, porque sólo si logras llegar a su interior, podrás sentir el verdadero sabor, un sabor dulce que llena la vida de placer; aunque a veces la encontremos agria o amarga.

Es un sabor DULCE que se mete en tu mente y siempre lo recuerdas deseando que se repita pronto.

Para mi la felicidad es como un ARROZ CON LECHE. Dulce y con algunos elementos o características que expresan placer, deseo.

La felicidad la relaciono con ALGODÓN DE AZÚCAR, porque a medida que este se me va derritiendo en la boca, lo voy saboreando, pero teniendo la certeza de que lo tengo en mis manos. Por su característico y llamativo color, sabor y olor

La felicidad es ÁCIDA, ya que la asocio a la niñez. Cuando trepaba los árboles para alcanzar las guayabas verdes y deleitarme con su sabor ácido, rociándoles sal.

La felicidad es una sensación de unión, compañía, fiesta, los cuales vivo las vísperas de un nuevo año y lo más característico de este día lleno de alegría es un buen SANCOCHO EN LEÑA.

La felicidad son muchas GOMITAS, DULCES Y PALETAS de muchos colores y el único estado de felicidad verdadero es cuando uno es niño, porque no estas atado a cosas vanas haciéndote feliz con dulces y juguetes.

La felicidad la asocio con la REPOSTERÍA, porque es algo dulce, llamativo y agradable; así como la repostería con sabores agradables, colores vivos, con texturas puras, ásperas, lisas, suaves, esponjosas. La felicidad es rica y sabrosa como un PASTEL, pero deja migas y desechos cuando se acaba.

La felicidad es el día del HALLOWEEN porque es un día donde hay muchos niños y están felices anhelando recibir DULCES y comerlos.
La felicidad la asocio con los CHOCOLATES, por que cuando uno está enamorado, el regalo más bueno es un chocolate y el que lo recibe siempre muestra una felicidad plena.

La felicidad la asocio con un POSTRE porque es sabroso, delicado, sutil, vivo, jugoso, suave… cuando uno lo empieza a probar lo hace sentir un montón de emociones muy agradables y no quisiera que se acabara nunca. Es algo que dura poco y cuando lo estas acabando sientes también desasosiego, un vacío, la impotencia de que no va a durar mucho y que tal vez no vas a encontrar otro momento igual o más placentero.

La felicidad la asocio con la CHUNCHURRIA porque me da felicidad el olor, la sensación de comerla, es deliciosa.

La felicidad para mi está relacionada con las CARNES ROJAS O BLANCAS, ya que cuando comes una carne, un pollo, un pescado bien preparados con una buena salsa, lo disfrutas al máximo.

La felicidad la relaciono con la ÚLTIMA PORCIÓN DE UN DELICIOSO POSTRE: siempre queda un sentimiento de tristeza.

La SANDÍA porque es jugosa, refrescante, sabrosa y muy agradable por su color y sabor y así quisiéramos que la felicidad fuera siempre: alegría, sin pensar que a veces podamos tener infelicidad.

La felicidad es el CHOCOLATE: se puede combinar con todo, comerlo donde quieras y como quieras, dulce o amargo; es suave al paladar, activador, calmante. Siempre quiero más y siempre encuentro uno a la vuelta de la esquina.

sábado, 25 de julio de 2009

Diario de campo 1

Fecha: 8 de Junio de 2009
Hora: 2:00pm
Lugar: Vereda la Laja, casa de Ruth Martínez
Participantes: Grupo tecnólogo en Gastronomía, Doña Ruth, Doña Ligia, Doña Belarmina, Don Omar











Eran las 2:00 p.m. cuando llegamos a la casa de Ruth (compañera de estudio), hacia un día soleado y seco, ella nos invitó a su casa, nos acogió amablemente y nos habló sobre las personas que conoceríamos; quienes eran las encargadas de contarnos y mostrarnos algunas preparaciones típicas de la región, hechas como antaño. Breves momentos después de instalarnos recibimos a doña Ruth y a doña Belarmina quienes se presentaron ante nosotros y nos explicaron de sus experiencias en cocina.



La primera preparación que degustamos fue una mazamorra pilada hecha por doña Belarmina, con maíz criollo a punta de pilón y maceta, la mazamorra estaba caliente y fue acompañada por leche y bocadillo, y mientras comíamos escuchábamos las preferencias y las historias sobre ésta misma preparación, por ejemplo: antiguamente se trillaba panela, envuelta en una tela blanca y con ayuda de una piedra, para que sirviera de acompañante. Según doña Belarmina la mazamorra debió servirse fría y sin leche “para probar bien su sabor”.



El relato de la primera preparación sirvió de abrebocas para contar acerca de muchas preparaciones más y sobre cómo desde sus abuelas y madres estas recetas han ido pasando de una generación a otra. Chorizos, morcilla, tamales, empanadas, natilla de maíz, gelatina de pata, cofio, velitas o tirudos de panela hicieron parte de la tertulia formada a partir de la comida, en donde también se compartió una bolita de leche, pasabocas elaborado por doña Ligia.

Después de la tertulia vino el algo…Todo preparado a la mejor forma de la abuela, hecho en campo, arepa de chocolo con quesito, pandequeso de maíz y chocolate. Las arepas de choclo fueron hechas por doña Otilia, quien no estuvo presente. Doña Ruth fue la que relató la receta de estas arepas; el quesito y los pandequesos fueron hechos por doña Ligia, y el chocolate por la anfitriona de la casa Ruth.



Quedaron a la espera las arepas de mote, hechas con ceniza y maíz “pelao”, pues mucho había sido ya lo consumido y poco el espacio que quedaba en nuestros estómagos; estas fueron elaboradas por doña Ligia en un horno ecológico (prototipo Corporación Autónoma Regional del Norte de Antioquia, CORNARE).

A eso de las 5:00 p.m., entre la repartición de las arepas de mote, para quienes deseaban comer y los agradecimientos a las señoras que nos permitieron hacer parte de su cultura gastronómica, se dio por finalizada la actividad.

domingo, 12 de julio de 2009

Un plato típico

Es un plato típico con unos frutos que pueden ser rojos o rosados, por así decirlo, se preparan en forma de sopa, su color es llamativo y su olor ni se diga…

Se puede acompañar la sopa con papas, plátano, sidra o yuca; algunos suelen darle un toque de gusto con algunas carnes que también pueden ser frías…

Hay mucha variedad de formas de servirlo y de darle gusto, muchos los ponen a remojar desde un día antes con cerveza o con agua, al momento de cocinar los pueden acompañar de salchichas o carnes como pesuña, chicharrón, carne de res, o la que prefieran.

Se les puede acompañar con variedades de salsas, pero las dos mas comunes son la salsa de tomate y la salsa criolla; está última consta de tomates y cebolla, algunos le agregan ajo pero la mas común y deliciosa es la básica.

En la mayoría de las casas, este plato está incluido, es mas, en la mayoría de restaurantes y estaderos los ofrecen de muchas formas…

Creo y puedo asegurar que la mayoría de nosotros crecimos consumiendo este platillo de color rojizo y que hasta los pequeños disfrutan por sus granitos…

Por: Sandra Milena Restrepo.

Para ver una entrada semejante haz clic en: Este platillo es "muy de por acá"

miércoles, 1 de julio de 2009

Relato ecuatoriano

Delicia para descubrir

Recuerdo que cuando era niño vivía en Ecuador Guayaquil. Qué Semana Santa era una fecha muy especial para mí, pero no por las procesiones y las misas, sino porque sólo en esa semana surgía una delicia gastronómica para mí.

Resulta que es una preparación con muchas cosas, sólo les cuento que llevaba todo tipo de granos juntos: frijol, lentejas, chócolo, habas, garbanzos, arroz, arveja y se cocina en una base de leche y bacalao.

Mi mamá nunca lo cocinaba pero yo siempre decía vamos a comer… y me encantaba echarle salsa de tomate hasta que quedara roja como la sangre… sólo la comíamos en semana santa y desde hace 7 años no la como, pero llegó a mi mente ese delicioso sabor y algún día volveré a comerla.

¿Quieres descubrir que delicia es?

Sigue estos enlaces:
Fanesca
Semana santa en todo el mundo

Por: Juan Sebastian Marín Montoya

martes, 30 de junio de 2009

Qué dulce?

Con el tiempo conocí un producto o alimento que me llamó la atención por curioso y sabroso.

Lo hacían colocando a hervir jugo de naranja con azúcar, al cual, le sacaban la espuma que iba soltando; luego de haber hervido bastante le mezclaban maizena disuelta en un poquito de leche y revolvían constantemente para que no se pegara; se dejaba hervir por 5 minutos y luego se separaba en distintos recipientes en partes iguales, a estos les mezclaban una anilina de algún color, para ser vaciados en otro recipiente o molde formando distintas capas de variados colores, se dejaba reposar y enfriar.

Para servir, se parte en cuadritos y se ve como un arcoíris según los colores que tenga.

Es muy agradable al paladar y se puede acompañar con galletas de soda, pan etc.

Por: Manuel Blandón Bedoya

lunes, 29 de junio de 2009

Alto consumo, fácil preparación.

Definitivamente esta especie, aunque no pueda volar es de las aves que más aporta a nuestra dieta humana, pues el producto que de ellas se seca es el alimento mas consumido por grandes y niños, solteros y casados, hombres y mujeres… Diversas preparaciones giran en torno a este producto, solo, acompañado o como compañía, siempre útil, siempre al servicio.

El platillo típico para una hora en la que muchas personas funcionan y están de pie, pero pocas se ven en la calle… una masa de maíz redondeada, aplanada y expuesta al fuego durante un tiempo prudente es lo que sirve de base para la mezcla de esa verdura de la cual sale la salsa que tanto gusta, esa hortaliza que logra humedecer los ojos y que no es muy apetecida por todos y ese producto espeso y blando, claro y amarillo, con una envoltura lisa y ovalada, blanca o colorada que sale de aquellas aves; acompañado con esa bebida caliente, dulce, espesa y color chocolate que es capaz de dar energías para iniciar o recargar aquellas agotadas.

Si, definitivamente es un producto bien utilizado, es un platillo muy consumido, innumerables comunidades del planeta lo usan, no siempre en la misma preparación, pero siempre a base de él, de ahí que este producto sea considerado uno de los alimentos a los que logra sacársele el mayor provecho, y del que recibimos grandes beneficios.

Por: Shirley Gómez Sánchez

domingo, 28 de junio de 2009

Este platillo es "muy de por acá"

Preparación

Se deben poner a remojar leguminosas de color granate, desde el día anterior, aparte se deben lavar cortes de las extremidades del cerdo y se deben poner sobre una parrilla a fuego vivo para quemarle los pelitos que tenga encima, se debe raspar con el cuchillo. Aparte, en una cacerola se sofríen tomates, cebolla, ajo, y pimentón. Luego se deben cocinar las leguminosas con la misma agua con que se remojaron, junto con el guiso, las extremidades ya lisas, un fruto verde, una hortaliza de color naranja, sal y cominos durante 45 minutos en una olla a presión, o tres horas si es en olla normal, a fuego medio hasta que los granos estén blandos. Cuando estos ya hayan ablandado, se destapa la olla y se agregan trocitos de un fruto de color amarillo por fuera, se deja sazonar a fuego lento, revolviendo ocasionalmente durante 15 minutos o hasta que se logre la espesura deseada. Se sirve acompañado de salsa criolla, un amasijo y fruto verde machacado.

Por: Lina Marcela García Elejalde

miércoles, 24 de junio de 2009

Recorrido por antaño

Hoy estuve de visita en casa de mi abuela la cual me preparó un platillo que nunca jamás había visto, era algo tan raro pero tan delicioso:

Estaba preparándolo muy minuciosamente, los ingredientes que alcancé a percibir eran unas coles rasgadas finamente, acompañadas de papas partidas en rodajas grandes; bien cocido lo anterior se le agrega sal al gusto y manteca para darle un mejor sabor, se sirve con una buena arepa paisa preferiblemente fría, si se tiene.

Este es un exquisito plato servido en Antioquia por allá en la época de 1940, donde las harinas, proteínas y carnes no eran accesibles a ciertas clases sociales, era este el plato que mas comían y para ellos era un manjar, aunque ya no se prepare, dice mi abuela; para ella sigue siendo un plato exquisito y bueno y le recuerda su infancia.

Para acompañar este delicioso plato me comentó que de niña le daban un dulce muy rico por el cual ella y sus hermanos morían, era algo que rara vez comían pero que les encantaba. Los ingredientes son: cidra, panela y leche.

Primero la cidra se pela, luego se pica finamente, se pone a cocinar en agua y se le agrega la panela. Después de pasar un rato se deja calar bien y luego se retira del fuego y se sirve acompañado de leche preferiblemente fría.

Por: Kelly González

martes, 23 de junio de 2009

Bolitas y de telitas

Para esta preparación...

Se coge ceniza pero sin restos de carbón o madera, luego se deja hirviendo -con maíz- hasta que el maíz se le quite el afrecho, luego se lava muy bien el maíz hasta quede muy limpio, se pone a cocinar hasta estar blandito, se deja enfriar, se muele, se amasa echándole un poco de sal. Se puede armar en bolitas o telitas, se coloca en un fogón de leña, la vamos volteando hasta que esté doradita y tostadita, la bajamos, la podemos consumir calientita con un poco de mantequilla y queso.

Por: Ruth Martínez

lunes, 22 de junio de 2009

Postre de...

Es algo delicioso y muy fácil de hacer; se requieren pocos insumos, corto tiempo, pero muchas ganas y esmero para que todo salga bien.

Su sabor es indescriptible, sólo logras sentirlo realizándolo.

Se requieren:
200gr de leche condensada
200gr de leche liquida
200gr de crema de leche
200gr de queso crema
2 sobrecitos de gelatina sin sabor
1 l/b del delicioso fruto que nombra esta receta
1 Chocolatina

Te lo aseguro que no te arrepientes de realizarlo.

Procedimiento:
Todo es una mezcla de lácteos que al estar revueltos se unen a la siguiente preparación. Se licuan con agua y azúcar unos frutos rojos que son de forma triangular con puntas curvas, capacho verde y rodeada de pequeños agujeros. Después debes hervir un poco de agua a la cual le agregaras un polvo blanco que tendrá como efecto el coagular la mezcla después de refrigeración cuando esta ya esté totalmente disuelta agrégala a la mezcla anterior. Por ultimo con tu creatividad lograras obtener un buen resultado, puedes darle un toque a esta mezcla; rallarle por encima un poco de barra café o quizás puedes diluirla al baño maría y hacer un zigzag.
Puedes hacer muchas cosas deja volar tu imaginación, para que admiren lo que puedes realizar. Recuerda es fácil y muy delicioso.

Por: Nayla López Mazo.

sábado, 20 de junio de 2009

Quien me dice que son estas bolitas?

Para este bocadillo...
Se necesita abundante aceite y que este limpio, dos libras de quesito, 3 huevos, ¾ de harina de maíz, 1 cucharada de harina de trigo, 2 cucharadas de panela rallada.

Para prepararlo...
Se muele bien el quesito, agregando así los demás ingredientes hasta formar una masa muy suave; luego se forman bolitas con las manos húmedas pero no muy apretadas y se ponen en un sartén hondo y con aceite tibio, cunado las bolitas suban a la superficie se aumenta el calor hasta que se doren.

Por: Ana María Alarcón

jueves, 18 de junio de 2009

Te doy mi receta y tu me das su nombre

Esta receta tiene un tiempo estimado de preparación de 30 minutos y rinde para 8 porciones

Ingredientes:
1 libra de harina de trigo
2 cucharadas de mantequilla
2 tazas de aguadepanela clarita
2 cucharadas de rallado de cáscara de limón
½ libra de azúcar


Esta es una preparación que sirve como pasabocas y es muy usada en la época de navidad, cuando las familias se reúnen para hacer la novena y festejar. Para hacer esta preparación, se toma la harina y se bate bien con la mantequilla, agregando de a poco una bebida hecha con agua y dulce de caña, hasta obtener una masa suave que despegue fácilmente de las manos. Este dulce de caña se prepara en diferentes regiones y consiste en pasar la caña por un moledor sacando sus jugos; estos pasan a un recipiente por un colador de manera que restos de caña sean eliminados. Una vez tamizado, este jugo se vierte en una paila al fuego y se deja espesar. Cuando empieza a tomar consistencia acaramelada, se pone en otro recipiente y se mezcla constantemente con una pala de madera, hasta obtener un caramelo espeso y de color marrón claro que se pone en moldes y se deja enfriar. Luego se desmolda y se comercializa para usos diversos. La bebida se prepara sumergiendo este dulce moldeado en agua y dejando hervir hasta que disuelva, tornando el agua de color marrón oscuro. Se bebe fría (sola, con leche o con limón) o caliente (con leche, chocolate, sola, con licor o con alguna especia como canela o clavos).

Retomando la preparación, una vez que la masa esta en el punto adecuado se sacan porciones y se extienden en una mesa enharinada, usando un rodillo se aplanan y se cortan en tiras de 2 cm de ancho por 6 de largo aproximadamente. A estas tiras se les pasa el rodillo nuevamente para emparejar y se ponen a freír en aceite de forma que queden a penas sumergidas. Estas tiras comenzarán a hincharse y cuando estén doradas, se sacan del aceite y se ponen en un plato con azúcar de forma que esta quede adherida por todas partes. Si se desea se le puede espolvorear rallado de limón. Se sirven calientes o frías, pero fresquitas para poder disfrutar de su dulce sabor y de su textura crujiente.

Por: Maria Isabel Ossa Londoño

miércoles, 17 de junio de 2009

Relato de nacimiento

El nacimiento

Recuerdo los momentos de comitivas, como si fuera ayer, esos ratos en los que me sentía el “chefcito” del momento, pero sin nunca pensar que el arte de la gastronomía hacia parte de mi vida. En ese momento, en el que nos comíamos las papas crudas y el salchichón de pésima calidad, este era como un manjar de reyes para mí y para todos los amiguitos, con los que bastaba una pequeña zanja donde poníamos la olla para fritar. Esto en primer caso fue la semilla que dio comienzo al gran amor que hoy le tengo a la gastronomía.

En segunda instancia y quizá las hojas de este gran arte, fuel el haber estado al lado de mi abuela en los momentos en los que realizaba aquellas deliciosas tortas caseras, en donde yo era el facilitador de todos los ingredientes para dicha receta. Y qué decir de la lengua rellena con verduras y carne que hacía para las fechas especiales de sus nietos o hijos.

Y para terminar, otro hecho que dio impulso a este amor que hoy tengo por la gastronomía, fue tener que despachar a mi hermano y a mí, ya que mi madre trabajaba mucho y me daba pesar tener que levantarla para algo que yo podía hacer.

A partir de ese momento me fui apropiando más y más de la cocina, de mi cocina y en mi iba despertando un afán por preguntar e indagar sobre aquellos platos tan deliciosos que mi madre y abuela preparaban con tanto amor. Hasta llegar a lo que soy ahora una persona con expectativas grandes y claras para el futuro fructífero que voy a tener como dueño de un gran restaurante o quizás varios.

Por: Diego Alejandro Ramírez Macías

martes, 16 de junio de 2009

Relato de cambio

Rumbo

Es un relato muy corto pero así fue que nació mi deseo por la cocina. Desde muy pequeña me ha gustado la cocina y cuando veía a una vecina de mi abuela paterna hacer sus deliciosas arepas, que a todos nos encantaban, decidí tener la habilidad para cocinar como ella.

Con el transcurso de mi vida me encariñe con la cocina y eso me unió mucho a un tío quien cocina muy bien, sus demostraciones gastronómicas aumentaron mi interés y ambición por cocinar mejor; gracias a sus enseñanzas mi habilidad y cariño por la cocina aumentaron, entonces comencé a explorar mezclas y preparaciones que a veces no eran los mejores, tanto, que ni yo me las comía.

Con el tiempo empecé una carrera de administración de empresas turísticas, y en uno de los eventos a los que asistí, me encantaron con la presentación de los platos, “el garnich” pensé y, por supuesto, el sabor, y fue entonces cuando decidí cambiar mi rumbo vocacional hacia la gastronomía.

Por: Jherly G. Aristizabal

miércoles, 10 de junio de 2009

Relato carnico y recuerdo gastronómico

Parrilla

Mi gusto por la gastronomía nace relativamente hace muy poco tiempo, aunque considero que he tenido un buen comer y un placer sin igual al disfrutar las comidas, sobretodo el goce y el encanto al saborear una buena carne bien jugosa, yo recuerdo que para mí, el buen comer era saciarme hasta el ya no poder mas, y lo que me gustaban eran los asados en la finca donde se reunía toda la familia, donde mi mamá servía en un plato un buen pedazo de carne, dos papas saladas, un plátano maduro, una mazorca asada y guacamole, este siempre venia con una cerveza bien helada o en su defecto con el famoso refajo; esa comida era la típica los domingos en la finca.

Pero realmente me empezó a interesar la preparación de los alimentos en el momento en que por necesidad económica trabajé en el sector de llano grande para una cadena de restaurantes antioqueña, que manejaba carnes a la parrilla; ingresé como extra de fin de semana, con las preparaciones previas, ayudando al parrillero a preparar las carnes, a hacer el pre alistamiento del área de trabajo, a observar la dedicación para sacar un plato a pedido del cliente, el cómo era importante una buena administración de un negocio para poder auto sostenerse y ser productivo; creo que en ese instante me proyecté dentro de ésta profesión a un futuro cercano, aun sabiendo que tenía que aprender mucho en muy corto tiempo; observé un año después la oferta educativa del SENA y allí estaba la oportunidad de profesionalizar mis aspiraciones.

Por Jesús Manuel Bermúdez Prieto.

* * *

Recuerdo

Todo comenzó a finales del 2007, en la excursión de grado, con los excelentes paisajes y las novedades que enriquecían cada instante vivido en este paseo, acompañada de mis amigas. En él, lo que más me impactó, fue la presentación de los diferentes platos que ofrecían en el hotel, allí en Santa Marta, causándome una gran satisfacción visual y gustativa.


En los diferentes platos observé y degusté sabores y texturas que nunca antes había sentido, y sin quedarme con la intriga de conocer detalles sobre estos platillos, mis amigas y yo nos acercamos donde se encontraban las personas encargadas de la cocina en un momento de descanso para ellas, quienes nos brindaron su conocimiento de la mejor manera.

Indagando y preguntando cada proceso que lleva el producto desde el momento de preparación hasta su presentación al cliente, se despertó en mi ser, conocer más el mundo gastronómico, llevándome a descubrir sabores, olores y productos que antes no había ni siquiera escuchado; así como la idea de crearle al cliente, una satisfacción tan grande tal como la sentí en esos momentos al degustar un producto.

Por: Carolina González García

domingo, 7 de junio de 2009

Relato de origen y goma por la cocina

El origen de mi cocina

Todo empezó cuando yo tenía yo 10 u 11 años; primero que todo, quiero aclarar que no me gustaba la cocina, me empezó a gustar desde que mi mamá me metía en ella para moler el maíz de las arepas y lavar los platos; ese era el único contacto que tenía con ella.

La primera comida que hice fue un arroz, todo empezó por que mi mamá estaba en la clínica, yo en la casa y me llamó para que le hiciera el arroz; entonces ella me dijo cuanto le echara de arroz, sal, aceite y el tiempo de cocción, en fin, lo que importa es que yo me puse a hacer el arroz y no sólo lo hice, sino que me arriesgué a hacer el almuerzo; al ver tantas cosas que podía hacer con la comida, como me quedaba, como olía, me encantaba y me adueñaba de ella, ya no quería salir de allí, quería quedarme haciendo mas y mas comida. Pero esto no fue lo que mas me gustó, lo mejor fue el momento en que mi familia probó el almuerzo, me felicitaron, me decían que cómo lo había hecho y en ese momento empecé a contar cada paso, por lo que pasó cada producto, cómo se iba convirtiendo en una poesía para la boca y mientras yo contaba mi experiencia con la cocina, mi familia decía que Jaime está cocinado; estaban asombrados.

Poco a poco fui descubriendo que la cocina me desestresaba. Imaginaba, convertía, creaba me iba metiendo mas y mas en ella, y desde ahí, la cocina hace parte de mi vida. Me gusta estar en ella, que me feliciten por lo que hago, y esa es la historia de mi cocina.

Por: Jaime Macias

***

La cocina: una goma que no se calma


Para comenzar les cuento que desde mi niñez siempre me gusto comer mucho y de todo, y me ayudó el hecho de que provenía de una familia muy numerosa, donde se servían grandes porciones en cada una de las llamadas ´´tres curvas``, ya fuera en el desayuno, el almuerzo o la comida, sin dejar de mencionar los algos o meriendas nocturnas.

En mi familia la cocina era algo dominado estrictamente por el sexo femenino, las que cocinaban eran mi abuela, mi mamá y mis tías, mis primas que eran las de menor rango ya daban sus primeros pinos en el campo culinario; razón por la cual en esta etapa de mi vida no tuve ningún contacto con lo que posteriormente seria mi gran pasión.

Así pasó el tiempo y en mi época de adulto viaje hacia Estados Unidos, donde mas por el aspecto laboral que otra cosa, hace unos 5 o 6 años, conseguí empleo como mesero en una casa judía de banquetes y ahí fue mi primera experiencia con alimentos, luego trabajé con musulmanes y griegos; así aprendí un poco sobre la gastronomía de estas culturas tan exóticas para nosotros.

Hace 2 años que comencé a trabajar de lavaplatos en un restaurante colombiano y de a poco me fui adentrando en el área de cocina caliente y parrilla, gracias a Dios los cocineros siempre me dieron la confianza y nunca me privaron de sus conocimientos y estuvieron pendientes de mí para no ir a dañar algún plato o preparación. Este fue mi primer contacto real en una cocina.

Debido a mi ´´goma`` por la cocina me inscribí en el SENA y pude pasar, vamos a ver que me depara el futuro, pero no creo que se me quite lo gomoso.

Por: Pedro Alexander Patiño Taborda

viernes, 5 de junio de 2009

Relatos de navidad y amor a la cocina

Navidad

Todo comenzó aquel día en el colegio, uno de los compañeros de once se graduaría y estudiaría gastronomía. Que término tan raro; nunca le había puesto atención; pero si…..desde este día fue extraordinario todo lo que logré consultar; esto me recuerda las fiestas de navidad.

En mi casa es tradición realizar la natilla el 23 de diciembre, pero eso si, se pila el maíz, se ralla el coco, se prepara y se pone en cocción, y entre todos nos repartimos para revolver la natilla.

No puedo dejar atrás los dulces, pues son fundamentales en esta época con una buena presentación y un rico sabor…. la abuela nos ha enseñado cómo hacer las panelitas con sabor a arequipe, que son las que mas le gustan a ella. ¡Hay momentos agradables y épocas inolvidables, se viven en navidad con la familia y los demás!

Me gusta la gastronomía, me encanta el garnish, ser curiosa y creativa, espero aprender y conocer miles de recetas y todo lo que mas pueda de este tema.

Me gusta lo que elegí, desempeñarme en esto o quizás, mejor, tener un restaurante… Humm que divertido suena, quiero seguir alimentando mi conocimiento de todas las cosas maravillosas que he visto y vivido… Y continuar, avanzar y mejorar, para de esta forma hacer mis sueños realidad.

Por: Nayla López Mazo

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Relato de mi motivación

Mi gusto por la cocina comenzó desde muy niña porque mi bisabuela era una persona que tenia ambiciones y desde siempre me inculcó el amor por la cocina. En el año 2006 nos tocó hacer el proyecto de vida, lo focalicé en el diseño, un año mas tarde lo modifiqué hacia la gastronomía, mi mayor pasión es aprender a cocinar y hacer de esta gran magia, algo novedosa y hermoso; me sueño teniendo un restaurante grande, con muchas cadenas y que sea el mejor del mundo. Amo la cocina y lucharé por ella, es mi mayor sueño y lo haré realidad, no me interesa nada mas, la cocina es lo máximo en mi vida me encanta y ésta es mi mayor motivación.

Kelly Johana González Alzate

jueves, 4 de junio de 2009

Relato de magia y sabor. Juegos de niños

Conjugando sabores

Hablar de mi descendencia gastronómica no es tan complejo, es sólo traer a la mente la palabra “MAGIA” y con ésta, queda claro el por qué de mi fascinación por la cocina.

La magia existía en todas las preparaciones de mi abuela materna, ella tenía ese toque justo, para hacer de cada preparación la más deliciosa sensación al paladar.

Nuestras visitas se hacían en torno a la cocina, puesto que este era el lugar predilecto por hijos, tíos, primos, nietos, etc. ¿por qué? pues porque sólo allí podíamos disfrutar de exóticos manjares preparados por la “mamita”.

Ella siempre tenía una delicia por mostrar, innovaba en su cocina no moderna, que hasta tenía fogón de leña, donde solía hacer aquellas preparaciones que para mi paladar resultaban siempre perfectas.

Un sancocho de gallina, mazorca, yuca, papa, plátano, aguacate, etc., era el plato insignia de todos los domingos; le ayudaba con la elaboración de él. Yo era muy niña aún y ella me reprendía porque no sabía tomar un cuchillo adecuadamente y temía porque me cortara, pero aprendí a pelar papas, y a no sacarles toda la comida gracias a ella; luego de todo nos sentábamos en una manga y hacíamos una de las cosas que más nos gustaban los domingos, comer sancocho donde la “mamita”.

Siempre que pude la observé cocinar, vibraba con su amor por cada preparación y creo que desde ese entonces el encanto me lo transfirió a mí. A su lado aprendí todo lo que sé, seguiré su legado ya que amo la cocina, para mi es un arte donde te expresas sin inhibición.

A través de ella puedo transmitir sensaciones, puedo conjugar sabores y aromas, puedo sentirme feliz y hacer feliz a los que amo, aunque no cualquiera merece un plato mío, sólo quien se gana mi amor lo puede deleitar, y cuándo lo esté disfrutando puede tener la plena seguridad de que significa demasiado para mí.

Lina Marcela García Elejalde

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Juegos de niños

Cuando era niña, tuve la oportunidad de estar rodeada de primos y hermanos de edades muy similares a la mía, por lo que hacíamos muchas cosas juntos. Nos reuníamos muy frecuentemente y cada vez era toda una aventura. Inventábamos castillos con todo lo que encontrábamos, escalábamos los árboles más altos y hacíamos casas con poleas que comunicaban un árbol con otro, hacíamos travesías por el campo y buscábamos frambuesas, mortiños, moras, guayabas, mangos, flores… con los cuales hacíamos jugos y brebajes, esperábamos la noche con la misma ansia que el día, para echarnos en la hierba a contar estrellas e historias. Uno de nuestros juegos favoritos era en la cocina de mi casa, con una gran y abierta despensa donde podían encontrarse variedad de polvos, salsas, frutas, panes… nos dividíamos en grupos y elegíamos quien empezaría a degustar cuanta vaina se nos ocurriera preparar. Cuando empezábamos preparando era divertido porque tratábamos de mezclar muchas cosas para que los que degustaban con vendas en los ojos, sentados en el enorme pollo de la cocina tuvieran cierta dificultad y no adivinaran fácilmente nuestras preparaciones. Mezclábamos mostaza con chocolisto, galletas con mermelada, minicigui, leche con te y otras hierbas, zanahoria con azúcar, dábamos limones con ingredientes varios… siempre esperábamos que dijeran todos los ingredientes, si no, perdían e íbamos ganando puntos que después cobrábamos en otros juegos… me encantaba reír de las caras que hacían con ciertas cosas dulces o ácidas, o cuando no lograban identificar nada o sólo un ingrediente… recuerdo que hablábamos pacito y reíamos cuando decíamos “pongámosle pimienta a eso, ahí esta la mayonesa, dame el zumm, eso va a quedar horrible, seguro que esta la adivinan de una…”, la despensa era un cuartito muy alto, con estantes que iban hasta allí y nos montábamos en escaleras para alcanzar todo lo que más pudiéramos. Mientras tanto los degustadores esperaban ansiosos “no me den pimienta que no me gusta, si le ponen mostaza me avisan pa’ no comer”. Pero nunca avisábamos y poníamos de todo. Cuando llegaba el momento de dar los brebajes preparados previamente en pocillos, les decíamos: huela esto… ¿qué tiene?. Abra la boca y cómaselo todo. No se vale devolverlo. No se quite la venda… Luego cada quien decía que había probado y decíamos lo que tenía cada cosa para comprobar si habían acertado o no. Cuando nos tocaba el turno de ser degustadores, era común escuchar: ellos le pusieron eso, no combinemos eso, debe ser asqueroso, pongámosle esto entonces. Todos reíamos.

Recuerdo olores fuertes, combinaciones dulces y ácidas, amargas, horribles, deliciosas, pegajosas o muy liquidas. Casi siempre atinábamos los ingredientes porque éramos maliciosos y buscábamos mezclar lo imposible. El olfato se hacía notar, la lengua se retorcía de dolor o placer. Era una buena sensación después de todo.

Cuando nos hastiábamos de tanta mezcolanza buscábamos otras cosas para hacer y mientras íbamos recordando entusiasmados: ¿en serio tenia eso? Sabía rico! No puedo creer que me hayan dado eso. Nunca me vuelvan a preparar eso.

Y así íbamos pasando del castillo de sábanas al trampolín, del bosque encantado al paraíso de los sabores y los olores… una variedad de texturas, una variedad de sensaciones, una variedad de variedades… todo es posible, todo se vale, todo se juega, todo se sueña.

Maria Isabel Ossa Londoño